la voz del pueblo - 19/06/2013
"Plusvalía" e inmuebles que están
sin aprovechar
El aumento del área urbana que está dispuesto por el municipio
debería ser acompañado por una campaña permanente para limpiar terrenos y
mantener edificios
Durante el año pasado, la tarea legislativa en el Concejo Deliberante mostró
como una de sus iniciativas de mayor relevancia en el desarrollo urbano de la
ciudad de Tres Arroyos, la ordenanza conocida como "de plusvalía", consistente
en la ampliación del ejido urbano para el desarrollo de nuevos asentamientos o
eventualmente barrios en lugares hoy adyacentes al sector planificado como de
ocupación de población. El propio presidente del bloque oficialista -que tiene
quórum propio en el organismo- lo puso de relieve en el balance de actividades
del año 2012.
Es cierto que temas similares han tenido, en otros lugares del
país, complicaciones diversas, algunas con acusaciones contra las autoridades
por esos programas de acción. En Tres Arroyos han existido algunos
disentimientos, pero no de gran permanencia en la inquietud de los vecinos y por
lo tanto, seguramente se espera el resultado de esa iniciativa.
Pero al mismo
tiempo, se advierten inconvenientes en el mantenimiento de edificios públicos y
privados, muchos de ellos en desuso o al menos sin utilización concreta, además
de baldíos que se mantienen ociosos a través de los años, en un clásico
movimiento especulativo, pero que no hace nada bien al desenvolvimiento
urbanístico.
Es interesante adentrarse en otras ciudades, de mayor o parecida
cantidad de habitantes, para conocer cómo es la forma de presionar a los
propietarios para que se llegue a un aprovechamiento que esté alejado de
pretensiones astronómicas como parte de esa especulación que mencionamos. Esto
naturalmente, traba el progreso que significan nuevas construcciones o
asentamientos.
Un caso particular
Como una curiosidad, mezclado ello con
las urbanizaciones, podemos citar el resultado de una investigación
periodística, relativa al desarrollo de la villa 31, junto a la Terminal de
Ómnibus de Retiro, que los tresarroyenses que utilizan ese medio de transporte
conocen porque la atraviesan prácticamente en el ingreso a su arribo a dicha
estación. Allí hay un a intensa actividad inmobiliaria, aunque parezca mentira,
ya que se trata de terrenos que carecen de escrituras y edificaciones no
aprobadas, ni siquiera autorizadas.
Las transacciones se dice que llegan a
pagarse mil dólares el metro cuadrado, aunque la superficie en venta es como
máximo de 20 a 30 metros cuadrados. La villa 31 nació en 1930, con la usurpación
de terrenos que nunca se desalojó y por el contrario la comuna porteña ha
prometido que realizará su urbanización. Si usted quisiera alquilar una pieza en
una precaria edificación, con baño compartido con otra familia, tendría que
pagar 1500 pesos mensuales por escasos 15 metros cuadrados.
En el año 2001 se
censaron 12.000 habitantes; hoy se triplicó esa cantidad y hemos escuchado
informaciones que periódicamente hablan de que algunos ocupantes de la villa 31
paralizan el tránsito de los colectivos interurbanos por algún reclamo
particular. Hay 6200 unidades habitacionales, pero lo asombroso es que se
construye en varios pisos y hay una obra -si se la puede llamar así- que tendrá
seis pisos. No hay escritura ni planos, solamente un boleto de compraventa en
que un tenedor transfiere a otro, pero sin esperanza de escriturar la
propiedad.
Es cierto que está prohibido ingresar materiales de construcción,
pero nadie hace cumplir esa disposición y si cualquier peatón se queda
observando un rato, verá que el ingreso de esos materiales es
incesante.
Presión impositiva
En no pocos lugares se
realizan acometidas municipales cíclicas, que tienen vigencia por ejemplo
durante un gobierno, pero luego se abandonan los intentos y se pierde la
oportunidad de ir encauzando la situación. La acumulación de basura en terrenos
baldíos es habitual en todo el país, incluyendo tres Arroyos.
El mecanismo
comienza con un relevamiento de la comuna, con ayuda de los vecinos, como ya
hicieron algunos barrios locales al presentar al Foro de Seguridad detalles de
los baldíos. Esto se vincula con la inseguridad que nace de lotes ociosos, pero
que tiene puntos de contacto con la limpieza, la urbanización y la forma de vida
afectada para los vecinos de esos lugares, muchos que jamás han sido
limpiados.
La intimación o advertencia original, tiende a complementarse con
un aumento progresivo de las tasas -los servicios deben cumplirse igualmente y
los inconvenientes son mayores en ese tipo de propiedades- para ir presionando a
los propietarios. Algunos municipios, en determinadas áreas, intima y luego
ejecuta la limpieza, con el costo a cargo de los propietarios, aumentado
sustancialmente por la rebeldía a cumplir con las ordenanzas urbanas. Llegan a
un nivel las deudas que luego se ejecutan judicialmente, con lo que se paga la
deuda con intereses o se remata el terreno. A ello pueden agregarse fuertes
multas que hacen crecer la deuda exponencialmente.
Las edificaciones sin
utilización o deshabitadas o abandonadas, deben ser conservadas de acuerdo con
las disposiciones vigentes; en caso contrario, comienza el mismo mecanismo de
coacción. Naturalmente que los municipios prefieren que se mantenga todo
adecuadamente o se vendan esos inmuebles para que quien los compre pueda
limpiarlos y adecentarlos.
Inclusive las intimaciones van acompañadas a veces
por órdenes de demolición de construcciones no autorizadas u otras que ofrezcan
peligro de derrumbe. En materia de seguridad pública, esas edificaciones pueden
significar cobijo para delincuentes.
En nuestra ciudad hay muchos lugares
-alguno cercados con chapas o similares, otros no- que ofrecen un aspecto muy
poco agradable y que pueden ser receptáculo de plagas o pestes, que merecerían
una "persecución" municipal, porque se está permitiendo algo indebido y porque
podemos pensar que hay cierto favoritismo, aunque sea una práctica
generalizada.
Ciertos municipios han agregado a todo este proceso la
colocación de carteles de dimensiones amplias, que muestren que el terreno o
edificio se encuentra "en infracción" y comunicando que sus dueños han sido
intimados. No debemos olvidar que varias edificaciones abandonadas han sido
utilizados para colocar carteleras que dejan beneficio financiero, sin que ello
signifique mejoras. En aquellos carteles denunciando el problema, se ha
comenzado a colocar el detalle de los propietarios que aparecen en catastro
comunal.